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El hombre duplicado

El hombre duplicado

José Saramago

Novela
TraducciónPilar del Río
EditorialAlfaguara
Año2010
Páginas408
FormatoRústica
EncuadernaciónBiblioteca José Saramago
Título originalO Homem Duplicado
ISBN978-987-04-1557-2
Adquirido2017

«La vida es un diálogo inconcluso.»

— Mijaíl Bajtín

Desde que nacemos, dialogamos. Quizás no con palabras, ni con gestos totalmente desarrollados, pero desde pequeños empezamos a crear ciertos mecanismos para poder accionar y reaccionar en nuestro entorno. Mijaíl Bajtín (filólogo y lingüista soviético), en su teoría del lenguaje, expone que nuestra realidad es esencialmente dialógica. Vivimos en una constante conversación con lo que nos rodea, ejercicio en donde, a manera de un hacha de doble filo, cada palabra que decimos crea y nos crea a la vez. Utilizamos el diálogo como una herramienta exegética donde este funge como un espejo sobre el cual logramos crear nuestra propia identidad en correspondencia a la imago mundi que nos hacemos a partir de las respuestas que da el otro a las preguntas, enunciados, o actos que nosotros en primera instancia emitimos.

Esta manera de construir nuestra identidad es donde radica el busilis en El hombre duplicado, obra del 2002 a cargo del muy noble y muy leal portugués José Saramago. Esta novela versa sobre Tertuliano Máximo Afonso, un profesor de historia, taciturno, un poco deprimido al ver lo intrascendente que resulta ser su vida, insatisfecho con lo que ha hecho de él su destino, hasta ahora, un cliché. Pero, por vericuetos de la vida, por estas pizcas de determinismo que llamamos casualidades, se da cuenta de que en la ciudad en que vive hay otro individuo que resulta ser su copia exacta, un «sustituto perfecto» si quisiésemos entrar en jergas más propias de lo económico. Este doble resulta ser un actor secundario con una carrera que va en tramos ascendentes, casado, con una vida acomodada, en fin, viviendo una vida enteramente contraria a la de su doppelgänger.

Eventualmente se conocen, y ahí está el punto de quiebre del libro. ¿Cómo saber quién soy si no soy un individuo ni único ni irrepetible, si existe otro que no es mi gemelo, ni mi clon, que es exactamente igual a mí en cada aspecto? Y es que, como se mencionaba al inicio de la reseña, nosotros creamos nuestro mundo a partir de lo que el otro o el entorno —que es un tipo de otro más «macro»— dice de nosotros. Nuestra identidad es una identidad eminentemente importada del prisma subjetivo con el que se nos ve. Este espejo social me dijo que soy un ciudadano de cierto lugar, con cierto nombre, con ciertas características, defectos y virtudes, con un determinado pasado, con un puesto específico en la sociedad, y con un futuro predeterminado. Hasta acá, todos muy cómodos. Pero ¿qué se hace cuando veo que este espejo, frente a alguien por completo idéntico a mi persona, le dio una configuración de mundo enteramente distinta? Donde, a pesar de que nacimos en la misma ciudad, tenemos la misma voz, la misma cara, el mismo cuerpo, tenemos vidas tan heterogéneas. ¿Si el espejo, si el otro me responde a mí como individuo de una manera, por qué a mi sosias le responde de manera distinta?

Este es el dolor de cabeza que gustosamente nos quiere dar Saramago: un golpe a nuestra identidad, al arquetipo que nosotros mismos nos creamos a partir de las respuestas externas, un golpe al yo a cargo del autor como encarnación del sentido común.

Si el libro pudiese resumirse en una sola pregunta, sería la siguiente: ¿somos o nos parecemos? A lo que yo, parafraseando a Sartre, le respondería al escritor ribatejense: somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.